viernes, junio 25, 2010

Memoria de la arquitectura peruana contemporánea. Humberto Viccina.

Siendo inminente la construcción del Lugar de la Memoria el arquitecto Humberto Viccina ha tomado como pretexto el concurso para hablarnos un poco del panorama de la arquitectura peruana contemporánea.

Memoria de la arquitectura peruana contemporánea

por Humberto Viccina*

En el mes de abril se dio el fallo del concurso arquitectónico para el Lugar de la Memoria en un sector del acantilado de Miraflores, en Lima. Sin duda el conjunto de propuestas refleja el “estado del arte” de la arquitectura en el Perú contemporáneo, quienes son sus protagonistas y cuáles son sus intenciones, sus ideas o sus búsquedas. Fuera de la importancia que en sí mismo tiene el proyecto, las propuestas presentadas nos permiten verificar como hoy en día los arquitectos peruanos se insertan cómodamente en el ámbito de las tendencias internacionales de la arquitectura. En efecto, no hay nada nuevo. Las propuestas presentadas responden a la arquitectura global más difundida, donde las referencias al contexto geo-cultural son obligatorias así como la utilización de una tecnología acorde con nuestro tiempo y las posibilidades reales. En general, y cómo hace un tiempo dijo Roberto Fernández de la arquitectura peruana, las propuestas muestran-en general- un cierto realismo moderno, con alguna que otra metáfora, sin lugar a experimentaciones de vanguardia.

Esto no tiene nada de malo, es normal en un país que está en desarrollo económico y en un verdadero “Boom” constructivo, al menos en Lima y algunas otras ciudades cercanas a la costa. Ya llegará el momento de experimentar y hacer vanguardia, cuando -sobre todo ellas- las facultades de arquitectura peruanas manejen grandes presupuestos para la investigación y la experimentación, para el fomento de la teoría y la crítica arquitectónicas. Por el momento existe la inquietud profesional de los arquitectos jóvenes, a la cual hay que darle oportunidades y estas son los concursos abiertos de arquitectura.

Hacer un edificio en un acantilado frente al mar es uno de las más interesantes intervenciones que puede hacer el ser humano. Se trata de una operación real de transformación de la naturaleza. Lo interesante es que la intervención del llamado Lugar de la Memoria es también urbana ya que será parte de un distrito en densificación creciente como es Miraflores. En ese sentido, se trataba de diseñar un edificio para el acantilado que sea al mismo tiempo un edificio para la ciudad. De hecho, los proyectos plantean espacios urbanos de acceso público y abierto que ligan el edificio con la ciudad al tiempo que denotan su importancia como equipamiento cultural. Casi todas las propuestas consideran este hecho y solucionan el programa desde diversas perspectivas, sin embargo, podríamos decir que el desafío era determinar el mecanismo de relación entre la masa arquitectónica de los espacios expositivos y dos elementos ineludibles: el entorno geográfico y los espacios públicos abiertos.

En términos generales podemos decir que se tenían dos opciones contrapuestas como solución, la mímesis y el contraste; pero también podríamos agregar una tercera, intermedia y conciliadora, presente en la base conceptual de muchas propuestas. Los proyectos de Barclay-Crousse y Longhi (primer y tercer lugar en el concurso, respectivamente) buscan más bien una cierta mímesis. Por otro lado, sería de contraste la propuesta del equipo de Ciriani, la de Ishiyama y la de Becerra/De Rivero/Puente-Arnao. Entre el camuflaje y la presencia institucional del edificio, la tercera opción, destacan a mi modo de ver la propuesta presentada por Freundt/Romero/Sánchez- Griñan y aquella del quinto puesto concebida por Manuel Flores, tal vez la más original de todas las presentadas.

En efecto, Manuel Flores hace una plaza-edificio en la que no hay solución de continuidad, lo urbano y lo arquitectónico se fusionan al tiempo que la adecuación a la topografía resulta casi natural, lógica, evidente. La entrada es la bajada a una plaza y en algún momento se podría estar en un espacio interior…pero parecería que nunca hemos llegado a entrar. Es el alarde de humildad de la arquitectura en beneficio del espacio urbano y común, sin recomponer ningún paisaje y sólo respetando -y usando - el existente. Una propuesta similar presentó la arquitecta Solana Costa, pero la gráfica utilizada no termina de explicar adecuadamente la riqueza de la idea. En contrapartida, la propuesta de Ballén/Leguía/Munares (el segundo lugar) resulta demasiado obvia e inmediata, evocando la propuesta de Tadao Ando para el Museo Histórico de Chikatsu-Asuka en Osaka, hace más de quince años.

En el caso del proyecto de Freundt/Romero/Sanchez- Griñan la mímesis impecable del volumen contrasta con el expresionismo del espacio de ingreso donde la topografía se sustituye por un conjunto escultórico, una especie de accidente lleno de artificialidad, monumental manera de marcar la importancia institucional del edificio. A diferencia del proyecto de Flores la arquitectura no desaparece sino que se presenta inesperadamente de manera sorprendente, como exigiendo la consideración de su presencia como un aporte de la contemporaneidad global.

La presencia de la arquitectura puede modificar el paisaje y mejorarlo. Así parecen entenderlo los autores de algunas propuestas que optan por el contraste entre lo artificial y lo natural, por la presencia del objeto arquitectónico, y esto dentro de la línea académica de la modernidad. Ciriani y su equipo propuso un cubo no masivo y blanco sobre el acantilado, no se impone pero tampoco se anonada. Es interesante la evidencia de tal operación cuando vemos que a través de su estructura “espacial” se vislumbra el perfil del acantilado, evocando la perspicacia que mostró Le Corbusier al separar el edificio de la naturaleza para que esta pase por debajo; en este caso la naturaleza pasa por detrás y como si, en realidad está en segundo plano, es una protagonista del reparto. Este proyecto parece demostrar como los arquitectos pueden plantear con habilidad una arquitectura global, abstracta en su contenido y sin relación directa y formal con la cultura local, aquello que otros proyectos quisieron más bien resaltar explícitamente.

Otro proyecto de contraste es el de Ishiyama, sutil y elegante volumen que emerge sobre una masa de transición. Resulta atinado pues proponer una “masa” ligera sobre otra que intenta estar arraigada al suelo. En realidad, se trata de la construcción ligera que caracteriza un grupo de arquitectos contemporáneos como Ito o Nouvel, quienes utilizan la tecnología para buscar desaparecer el peso y la materialidad de la arquitectura, hacerla ambigua en su lectura y posarse sobre el terreno como un objeto artificial sobrio y amigable. El objeto de Ishiyama es en realidad una lámpara o una cometa de papel que llega incluso a tener el carácter de arquitectura efímera.

En contraste físico con el medio pero referencial con la arquitectura peruana ancestral podemos situar la propuesta de Becerra/De rivero/Puente-Arnao. Han sido de los pocos en darse cuenta que una forma cilíndrica facilitaba el flujo espacial que inserta el edificio, dada su ubicación, en el tejido urbano y vial de la ciudad. Al mismo tiempo, la chullpa que identifica una arquitectura andina auténtica, es una construcción funeraria con que se muestra la memoria y el respeto que por los difuntos tenemos desde siempre los peruanos, precisamente lo que constituye el “leitmotiv” del edificio. Sin embargo, la crítica a esta propuesta podría radicar en su asentado carácter figurativo, así como en la presencia de una construcción de rasgos constructivos andinos en plena costa peruana.

El lenguaje que utiliza Longhi en su propuesta resulta similar pero no figura la textura de un sistema constructivo, sólo lo evoca y esta evocación se hace evidente con la escala. En efecto, es esa nueva piedra que es el concreto armado la busca lucirse y se muestra en grandes bloques, gigantes contenedores que expresan movimiento a pesar de su sobria contundencia estereotómica. Esta propuesta busca recomponer un farallón sobre la tierra pero evocando la forma antigua en que los arquitectos peruanos construían y dejando una plaza verde para la contemplación del mar. No resulta sin embargo muy feliz las construcciones que Longhi busca camuflar entre los andenes que complementan la propuesta, la sola imagen del farallón pétreo – que es una formación marina – irregular y evocativa hubiera sido suficiente.

De la misma manera que el proyecto de Longhi, el proyecto ganador del concurso busca continuar la forma del acantilado erosionado en una propuesta de corte mimético. Lamentablemente, el manejo euclidiano de la geometría resulta agresivo y contrastante, o sea, no es realidad un proyecto mimético y esto además se enfatiza con la inmensa pared cuadrangular que tiene hacia el mar. Por lo demás, el proyecto tiene una serie de coincidencias con la propuesta de Longhi y presenta un interesante manejo del espacio. Creo que será un lugar de uso urbano que servirá de ejemplo para la promoción de proyectos que ayuden a componer la cara de Lima frente al mar, un gran proyecto urbano común que todos los arquitectos que vivimos en Lima consideramos necesario.

El concurso para el Lugar de la Memoria ha sido la ocasión de radiografiar la arquitectura peruana. Los ganadores son en su mayoría jóvenes y eso hace pensar que al país le queda un futuro esperanzador. La nueva generación de arquitectos peruanos ha cambiado de forma de ver la arquitectura, se sienten tan nacionales como ciudadanos del mundo, y saben que todos tenemos que superar el reto de la invención y aportar con lo propio a la cultura universal de la arquitectura. Sólo nos queda esperar que los promotores urbanos y las autoridades públicas reconozcan la necesidad de dotar a Lima y a todas las ciudades del Perú de espacios públicos y edificios de la más alta calidad, y para eso es preciso convocar a concursos abiertos de anteproyectos ya que existe un espectacular potencial profesional que puede hacer de la arquitectura peruana una referencia a nivel internacional. Para terminar me permito manipular unas palabras de Longhi escritas entre las imágenes del proyecto que presentó al concurso y que me parecen pueden animar “mutatis mutandis” a los arquitectos de cualquier país latinoamericano: Todos queremos proyectar esos espacios… “donde el peruano se encuentre con su cultura, con su identidad, para que así no siga buscando fuera lo extraordinario que tiene dentro”.

Ballén - Leguía - Munares
Longhi
Flores
Becerra - Rivero - Puente Arnao
Ciriani et alter
Freundt - Romero - Sánchez Griñan
Ishiyama

*Humberto Viccina es arquitecto por la Universidad Nacional de Ingeniería y Docente en la UNI y UPC.

6 comentarios:

  1. tremendo proyectiles.
    pero una cuestión, el tema del acceso como lo han manejado?

    en auto por la costa verde por ahora hay demasido tráfico ya que es solo dos carriles en esa subida de ida y vuelta.

    y caminando, o en bicicleta o auto, por el propio malecón saturaria aún más la avenida El Ejército; a menos que se genere un pase por el complejo deportivo bonilla.

    dudas.

    pero sin duda, una gran proyecto del museo de la memoria ya sea en miraflores o donde sea.

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  2. tengo que coincidir con otros comentarios que coincidian que el ganador era el menos malo, nos falta mucho, me imagino que si hubiera estado en chile, brasil o argentina las propuestas serian mucho mejor organizadas y mas creativas, estamos un poco atras aun

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  3. admiro a mi ex profesor Arq. Longhi, sin duda es arquitectura peruana... pero en este caso discrepo por no integrarse a la identidad vernacular costeña.... se ve que no pertenece al lugar... esos monolitos hace un mejor paisaje dentro de una frondosa vegetacion en la sierra.

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  4. ESTA MUY BIEN LO QUE REDACTAN EN CADA PARRAFO

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  5. La arquitectura no es una competición!!!

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  6. Muy interesante y aleccionadora la crítica presentada por el arquitecto Humberto Viccina en lo referente a la agrupación de los trabajos, en tendencias claras de intervención en el contexto natural y urbano de la ciudad, que muestran las propuestas presentadas que ganaron una colocación en este concurso, de igual manera su apreciación de los conceptos e ideas que rigieron las composiciones formales externas y su factibilidad constructiva. Sin embargo pese a la menciones que realiza en el discurso al trabajo espacial en lo referente a los vacíos de cada diseño, se siente un déficit de información para los aprendices de este arte plástica. La percepción que tiene la forma y el impacto de los vacios en sus composiciones, esencia de toda arquitectura en el conjunto, es importante, desde el acceso hasta el último rincón de la organización formal. Estos análisis no se encuentran en la gran de mayoría de la información sobre arquitectura, hechos que conllevan en gran parte en el país a dedicarle más interés a lo externo en los objetos arquitectónicos, muchas veces llegando al extremo de hacer sólo máscaras con aditamentos superfluos con acabados que están de moda, al margen de sus pertinencias en la personalidad del edificio y en el contexto. Coincido que estas competencias de creatividad y las respectivas críticas constructivistas, inducen a la generación y desarrollo de una arquitectura propia, sin dejar la modernidad y la época en que se plantean.

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